Aplica el principio de minimización: procesa solo lo necesario y borra con calendarios verificables. Separa identificadores, cifra en tránsito y en reposo, y limita accesos por rol. Evalúa proveedores con listas de verificación claras, acuerdos de tratamiento de datos y ubicación geográfica. Emplea registros seudonimizados para análisis, y establece ventanas de retención cortas. Practica pruebas de penetración y ejercicios de respuesta a incidentes para no improvisar decisiones críticas bajo presión.
El asistente debe entender variaciones lingüísticas, ritmos de lectura y apoyos de accesibilidad. Ofrece interfaces multimodales, mensajes claros, resúmenes escalonados y control granular de detalle. Evalúa desempeño en español e inglés, y en distintas materias, evitando penalizar acentos o estilos. Integra lector de pantalla, navegación por teclado y contraste adecuado. Pide retroalimentación a personas con diferentes necesidades y prioriza correcciones que abren puertas a más estudiantes y contextos.
Ser útil también implica decir no con respeto. Explica límites de cobertura, fuentes disponibles, políticas de uso y posibles errores. Incluye advertencias cuando una respuesta no es confiable, invita a verificar y sugiere rutas alternativas. Documenta cambios de versión, propósitos educativos y responsabilidades compartidas. Evita lenguaje de promesas absolutas y celebra el aprendizaje autónomo. La claridad reduce malentendidos, previene dependencia excesiva y fortalece la relación con docentes y estudiantes atentos.
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